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viernes, 6 de julio de 2012
CATEDRALES GOTICAS
miércoles, 11 de enero de 2012
REQUIEM POR LA VIDA

Ese día me levanté temprano, en realidad no pude dormir en toda la noche, así que, al escuchar el cántico de los pájaros decidí levantarme. Al poner los pies en el suelo tuve esa sensación extraña, me fue inevitable, después de todo sería la última vez que podría levantarme.
Para este día pensé mucho en lo que comería, pero, no tenía hambre, no podía tratar de comer. Decidí entonces terminar de leer mi libro, me faltaba poco para darle fin, dejé la conclusión para este día, era Fausto de Goethe, me encanta ese libro, y aunque ya lo había leído antes, quería rememorarlo de nuevo, de alguna forma siempre sentí que mi vida se parecía a la del personaje, quizá por eso quería leerlo otra vez.
Antes de terminar mi lectura, y ya en la temprana tarde, era hora de ver una película, el cine siempre fue uno de mis amores, y no podía dejar pasar la última oportunidad de ver una buena película, después de pensar un poco me di cuenta que volvería a ver El camino a casa, una de las historias más simplemente hermosas que haya visto, es contada de forma tan sencilla que alcanza la perfección.
Nunca antes había sentido que el tiempo avanzara tan implacable, ese viejo tren no se detiene ni en tus últimos momentos. Ya era momento de salir, caminar hasta lo alto de la colina verde y recostarme sobre el gran árbol, solo llevaría conmigo el Fausto y la última canción, desde luego luciría mi mejor atuendo: mi sombrero de copa, mis botines, mi chaleco gris, mi camisa blanca, y mi saco y pantalón negros.
Recostado sobre el tronco del gran árbol, me propuse terminar mi libro, con cada página que pasaba el sol descendía más hacia las montañas
Todo lo que ha ocurrido
es sólo una parábola.
Lo que es inalcanzable
se convierte en suceso.
Lo que es indescriptible
se ha realizado aquí.
Lo eterno-femenino.
nos permite avanzar.
Hice sonar entonces la melancólica melodía, mi última canción, no era un réquiem porque esos son para que las personas que acompañan al muerto le rindan homenaje, pero en ese momento no había nadie a mi lado.
Y así debía ser, porque el íntimo momento para la comunión interna solo se alcanza en soledad. Y en esos últimos momentos la persona debe procurar sentirse parte del Todo.
Madre, padre, hermanos, amigos, mi amada, puedo verlos de la manera más hermosa con el recuerdo de mi corazón, y no con lágrimas y caras feas frente a mí.
Sonaba por última vez la canción del Lilium, y al terminar, el silencio ensordecedor se apoderó del espacio, el sol casi caía, la falta de sonido me dejaba apreciar la melodía de la vida, y no quería cerrar mis ojos, había planeado acabar junto con la luz del día, pero no podía soportar más, algunos piensan que es más digno morir con los ojos cerrados, yo no quise cerrarlos, al fin y al cabo, es la última oportunidad de ver el mundo.
lunes, 28 de marzo de 2011
Cuento de Amor

miércoles, 9 de marzo de 2011
Mi dulce Jardín
viernes, 24 de diciembre de 2010
Perdido
Fuera de lugar, la tristeza, némesis del tiempo, cubre con sus azules brazos los hombros caídos del amante. El pasado o su futuro es su presente, junto a él no existe nadie.
Al levantarse cada mañana su casa es cómplice del silencio, al caminar por las calles, el viento en su rostro es el único a quien saluda, en los atardeceres, no hay niños jugando ni parejas besándose en el parque, los domingos en la iglesia él es el único de rodillas frente al altar.
Sin embargo la locura ha sido piadosamente despiadada, dejando que los recuerdos los atormenten en todo instante; ya que en cada lugar, cada esquina, su casa incluso, el parque, la iglesia, en esos sitios sus memorias reviven los momentos. Esa casa en la que creció junto a sus padres, el parque en el que jugaba de niño con su perro, y en el que más tarde besó a su primer amor; y esa iglesia en la que vio entrar a su dama de blanco.
Los bellos recuerdos son insoportables cuando ya no hay alegría en el alma, y por eso, este amante solitario sufre sin que nadie se percate.
Del las flores ha hecho su pasatiempo, brotan de la tierra gracias a su deseo, crecen mostrando cada vez más su hermosura y luego mueren con elegancia, y así dan paso a más pequeños destellos de vida. Para él, es un alivio poder cultivar flores, con ellas deja de pensar…
Y es una bella afición, antes su voz expresaba el llanto de su corazón, pero ahora ya no hay nadie que lo pueda escuchar, no vale la pena.
Es bueno cultivar flores, una manera pacífica de seguir una vida.
Las rosas son sus favoritas, le recuerdan tanto a las personas, dulces y hermosas pero pueden lastimar. Está bien pincharse un dedo con sus espinas de vez en cuando, pero irremediablemente, él no puede evitar pensar, lo agradable que sería el que alguien estuviera ahí para sanarle las heridas.
lunes, 15 de noviembre de 2010
En el nombre del Padre y del Hijo

- ¡El tanque de gas explotó papá, mamá está dentro!-
- ¡Aléjate pequeño bastardo!-
Y apartándolo de su lado, el hombre se sentó a la orilla de la acera en media
calle, con los codos apoyados en las rodillas y las manos cubriéndose el rostro.
De inmediato el niño se le acercó y con gritos desesperados le dijo:
- ¡Tienes que salvarla! ¡No quiero que mami muera! No quiero que mami se
muera…
El padre permaneció inmutable ante las súplicas de su hijo, quien en medio de
la desesperación cayó de rodillas y empezó a darle leves golpes con los puños
al hombro de este para que lo escuchara. El hombre sin embargo
permaneció donde estaba ignorando las súplicas del pequeño, en medio de un
mar de gente que se acercaba para mirar curiosos como los bomberos
inútilmente trataban de apagar el fuego.
Tiempo después del funeral, el padre y su hijo, que mas bien era su hijastro y a
quien no quería ni un poco, se fueron a vivir a una pequeña casa propiedad de
un familiar, que permanecía desocupada. El padre pensaba que era molesto tener que llevar al pequeño bastardo con él, pero después de todo era el responsable legal del
mocoso.
- Papa, quiero disculparme por pedirte que salvaras a mami, ya me han
explicado que era imposible salvarla porque ni los bomberos podían entrar,
pero es que… al verte llegar, no sé porqué creí que tú serías el único que
podría sacarla de ahí-
- Sí, si, si. Agradece que no entrara a ese infierno. O de lo contrario no estaría
aquí. Ahora vete por ahí, no quiero verte, me traes malos recuerdos-
El niño que ya estaba acostumbrado a tomar las groserías de su padre como
una señal de que al menos no lo ignoraba, se retiró sonriendo por primera vez
desde el incendio.
El padre, quien por cierto no tenía empleo, cosa común, se pasaba día
tras día frente al televisor sin nada mas que hacer. Todo el tiempo posterior a la
tragedia, ellos habían recibido cualquier tipo de ayuda de parte de familiares y
amigos, desde encargarse de que el niño continuara asistiendo a la escuela,
hasta la comida y casa donde vivían, con lo cual, el padre creía que era
innecesario trabajar por más, y se esmeraba en hacer creer a los demás, que
aún se encontraba muy afectado por la muerte de su esposa como para salir a
la calle y recuperar su vida.
No podían quejarse de nada en verdad, una tía del niño iba hasta su
casa para cocinarles, limpiar el lugar y lavarles la ropa. Puede que, los
familiares de la madre se sintieran más que responsables por lo que podría ser
del niño ahora que ella no estaba, y por eso trataban de aminorar la carga del
padrastro, quien era casi un desconocido para el resto de la familia materna,
todos en silencio temían que un día él simplemente desapareciera dejando solo
al niño. Esta acción no sería perjudicial por sí misma, el problema era que el
pequeño parecía quererlo tanto, al punto de no saber que le provocaría una
segunda pérdida aún más dolorosa, el abandono.
Un día poco después de la tragedia, los tíos mas cercanos al niño, trataron de
convencer a este de irse a vivir con ellos, así estaría acompañado de sus primos. En
realidad para los tíos lo importante no era que el niño tuviera compañía, sino
sacarlo del ambiente tan deprimente en el que habitaba junto a ese extraño que
nadie conocía bien, porque en verdad era un desconocido para todos, excepto
para el niño al parecer, que decía querer estar junto a él.
El niño nunca dio mayor explicación o señal del porqué prefería permanecer
solo con su padrastro en una casa vieja. Pero en su interior, el pequeño
recordaba claramente cada día las palabras que una vez le dijo su madre, y
que por nada del mundo él diría a ninguna persona:
- Hijo, hijito, ven acá, acércate para que tu padre no nos oiga-
- ¡Qué te pasó en la cabeza mamá! ¡¿Por qué estas sangrando?!-
- Escucha mi amor, nunca le digas esto a nadie, por favor, no podría soportarlo.
Escucha: papá no es una buena persona, él le pega a mamá, y podría pegarte
a ti también, pero no podemos abandonarlo, nadie puede saber que en esta
casa pasa esto. Así que tenemos que ayudar a que papá mejore, ¿sí?
Tenemos que ayudarlo a cambiar, y cuando eso pase, podremos ser una
familia muy feliz, ¿no te gustaría eso, que seamos muy felices? Tenemos que
ayudar a papá, tenemos que querer a papá-
- Está bien mami, pero ya no llores, ya no llores más-
Y mientras secaba con las manos las lágrimas de su madre, el niño se
convenció de que lo que dijo su madre era lo que tenían que hacer.
El tiempo al lado de su padre trascurrió. Un día al llegar de la escuela, el pequeño corrió hasta la sala de la casa donde de
seguro estaría su padre viendo la televisión, para mostrarle lo que traía
-¡papi mira, mira! ¡Es mi examen, casi obtuve un cien, la maestra me felicitó
ante todos por ser la nota más alta del grupo!-
- ¡Silencio! ¡Ah maldito bastardo, no vez que estoy observando las noticias, es
muy importante ver las noticias ¿acaso no lo sabes?!-
De inmediato el pequeño bajo la cabeza, y sintió como la alegría que venía
albergando su corazón desapareció tan rápido que no supo ni tan siquiera
como reaccionar.
- Esta bien papi, perdón yo solo quería…-
No pudo más y salió corriendo hacia su cuarto, ahí se encerró el resto de la
tarde, llorando y pensando: “tenemos que querer a papá, así seremos una
familia feliz, si logro cambiar a papá ¡tal vez mi madre regrese! No, ella ha
muerto y nunca volverá”
El tiempo siguió su curso, y poco cambió en la vida de los que habitaban en
esa vieja casa, dos almas solitarias flotando sin sentido, una sin nada que
hacer en la vida, y la otra con mucho que hacer: estar junto a la primera.
El último día fue terrible, el padre había bebido tanto que se había dormido en
el piso frente al televisor, al llegar su hijo de la escuela trató de despertarlo
pensando que se había desmayado. Al abrir por fin los ojos el padre, sintió
tanta rabia de ver el rostro lloroso del mocoso frente al él gritándole que no lo
abandonara que no contuvo su impulso y lo sujetó con ambas manos del
cuello.
- ¡Cállate, ya no quiero oírte más, has silencio de una vez por todas!-
Un instante antes de que el niño perdiera el conocimiento por fin lo soltó.
- ¡Vete, largo!- le gritó
El niño aún mareado, a como pudo llegó hasta su cama en donde se recostó
hasta quedar dormido.
Mas tarde, en la noche, el padre se vio invadido por el instinto asesino
nuevamente, se levantó del sillón frente al televisor y caminó hasta la
habitación del niño.
- Con que estás dormido ahora, deberías estar así de quieto siempre, sería
mejor para mí. Cuando murió tu madre jamás pensé que tendría que hacerme
cargo de ti, pensé que te irías con tu familita y me dejarían en paz. Pero no, le
dijiste a todos que querías estar a mi lado, de verdad eres un demonio, no
quisiste abandonarme para así poder seguir molestándome ¿verdad? Y lo peor
es que no pude negarme, no frente a toda la familia.
Por eso tendrás que pagar, así como lo hizo tu madre; abrir la llave del gas y
salir un rato a caminar sabiendo que tu madre pronto iría a encender la cocina
para hacer el almuerzo, eso fue fácil ¡¿Pero por qué no estabas tú adentro
también?! Bueno, eso ya no importa-
Y tomando la almohada en la que reposaba la cabeza del niño, la colocó
fuertemente sobre su cara. No hubo lucha, no hubo reacción alguna,
simplemente el cuerpecito dejó de respirar, de sentir, de vivir.
Antes de retirarse, el hombre observó una pequeña tarjeta que reposaba en el
lugar debajo de donde estaba la almohada, sintió curiosidad por ver que decía:
"Feliz día del padre
Para mi papá:
Que a pesar de no ser mi verdadero padre no me abandonó aún cuando mami ya no estuvo"
Después de leerlo, el hombre simplemente se fue, tenía que desaparecer de
ese lugar, ya que no podría encubrir otro asesinato. No podría explicar por qué
el niño yacía inerte en su cama.
domingo, 12 de septiembre de 2010
La Bruja del bosque

Con paso triste y descuidado, arrastrando pesadamente sus piernas más por la
falta de voluntad que por las várices que ramifican sus piernas, se deja ver
cada día en lo más profundo del bosque, la vieja bruja Elvira. Nadie se atreve
jamás ni tan siquiera a permanecer cerca de ella, corren los rumores por el
pueblo de que esa servidora del demonio es capaz de hacerle pudrir el corazón
a cualquiera que ose verla directamente a los ojos, y ni que decir del
espeluznante destino que sufren los niños que se acercan sin darse cuenta al
jardín de su vieja cabaña, internada en los riñones mismos del frío bosque.
Cada mañana su rutina jamás se ve interrumpida, con un pequeño costal al
hombro, camina por todo el boscaje en busca de sus hierbas medicinales. Aún
en los días de invierno en donde cada árbol se abriga con la blanca ceniza del
cielo, cuando la apariencia de cada rama y de cada tronco se vuelve siniestra,
aún cuando la deprimente neblina crea ilusiones quebrando los frágiles rayos
de luz y mostrando cosas que no están, la bruja del bosque recoge leña que
posiblemente no podrá hacer arder.
Su aspecto no es nada agradable tampoco, la piel de su rostro parece que
cuelga libremente de sus huesos, su larga y torcida nariz, tan solo va en
aumento de las profundas ojeras que mas parecen platos, y que dejan al
descubierto sus pequeños ojillos carentes de viveza. Largas y gruesas telas
podridas ayudan a esconder su deforme figura, encorvada por la presencia de
una sublime joroba brotada en la parte superior de la espalda. Aún con todo
esto, Elvira no utiliza bastón alguno para asegurarse al caminar, sus manos
con dedos y uñas largos como tentáculos, reposan casi siempre de forma
humilde en la base de su abdomen. Es verdad que al apreciar semejante
rareza de persona, no se sabría con facilidad y sentir lástima o miedo.
A pesar de su horrible figura, la bruja se esmera siempre por mantener limpia y
alegre su cabaña, el jardín mencionado con anterioridad, la mayor parte del
año se encuentra impregnado con el aroma floral de las muchas rosas y
margaritas que alegran esa pequeña parte del sombrío follaje, invitando a los
pequeños colibríes y elegantes mariposas de todos los colores, a formar parte
del cuadro único que da un poco de felicidad a la pobre bruja del bosque. Y
también, aunque de madera vieja es su choza, la gran cantidad de adornos
multicolores colocados en apariencia metódica, y el sonido que provocan las
piedras metálicas que cuelgan del techo al chocar por causa de la brisa,
mantienen un ambiente sereno y suave, pero a la vez nostálgico.
El paso del tiempo parece no hacer huella en la vida de la anciana, al menos
no en su espíritu, o tal vez sea que el pasar de las horas y de los días, ya no
tiene del todo sentido en su monótona existencia. Parece como si cada jornada
fuese la misma, desde el despertar del alba hasta la funesta caída del manto
nocturno, ella hace de su vida lo mismo, simplemente existir.
Mientras andaba una tarde ya de regreso, Elvira recordó de forma tranquila,
como ya hace varios años no hablaba con ninguna persona, todos
verdaderamente huían al verla pasar con su lento caminar en cualquier lugar
del mágico bosque, ya ni siquiera intentaba acercárseles, desde la última vez
que lo intentó, juró no hacerlo mas. En aquella oportunidad, un niño más que
un joven, jugaba alegremente con su perro cerca de un claro entre las espesas
ramas, al observarlo, su corazón también saltó de gozo, era tan tierno, sus
labios se curvaban tan perfectamente, y sus risas hacían que la tristeza del
bosque se esfumara.
No lo pensó dos veces, se apresuró a sacar algo de su desdeñado saco y se
aproximó lo mas rápidamente que pudo hasta donde estaba la criatura,
mostrando también una alegre mueca que podría interpretarse como una
sonrisa, el niño quien no se había percatado de la sombría presencia, al ver
acercársele esa fea figura, soltó un grito que se esparció por toda la vegetación
reinante del lugar, al mismo tiempo que, temeroso pero desafiante, su perro
lanzaba sonoros ladridos amenazando a la viaje bruja, mientras esta intentando
calmar al niño, hacía gestos con sus nerviosos brazos y le ofrecía el dulce que
había sacado de su saco. Desde luego el niño no entendió sus intenciones y
salió corriendo con su fiel amigo siguiéndolo.
Esa vez, la bruja del bosque quedó desconcertada, se guardó el dulce y
continúo su andanza.
Siempre solitaria -tal vez debería tener una mascota también- pensó en ese
momento.
Ya de regreso en su hogar, y después de recordar aquel suceso lamentable,
Elvira se dejó caer sobre una pequeña mecedora cerca de la chimenea
fulgurante. No pasó mucho tiempo antes de que la dominara el sueño, estaba
bien dormir un poco, ya podría al día siguiente salir a buscar más troncos secos
y plantas.
Descansó entonces como siempre, la solitaria y triste bruja del bosque.



